TELÉGRAFOS. REVISTA. Número 2.' AÑO IV. 15 do Enero de Pág. 301


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1 Número 2.' AÑO IV. 15 do Enero de Pág. 301 REVISTA DE TELÉGRAFOS. DISCURSO DE INAUGURACIÓN zan unas con otras en todas direcciones. Estas formas son tan regulares en su tamaño y posición que han dado lugar á uno de nuestros DKLA5HRAL W. AUMSTRONG. Insertamos un corto pero interesante extracto del discurso pronunciado por el amiral de la- vida, aunque de todas maneras están mas sabios filósofos para suponer que participan I). Guillermo Armsírong, en la Asociación Británica de Néwcastle el 26 de Octubre último, i fluencias vivificantes del sol. Estos objetos mis- completamente relacionadas con el calor 6 in- "He tenido ocasión dé hablar del sol, considerándolo como el agente que obra con mas brió han sido vistos por otros observadores, tanto teriosos que desde que Mr. Nasiny ti los, descu- fuerza sobre nuestra tierra, y no debo omitir que ha podido asegurarse que tenían 1000 millas de longitud por 100 de ancho. Las enor- aquí (los recientes descubrimientos que so relacionan íntimamente con este hermoso astro. mes grietas de la foto-esfera del sol 4' las que Be todo cuanto han producido las ciencias en aplicamos el diminutivo nombro de manchas, estos últimos afios nada mas inesperado que el dejan ver que las extremidades de estos cuerpos parecidos á hojas se inclinan hacia dentro, descubrimiento de los medios por los cuales podemos conocer -la naturaleza délas materias ribeteando hasta muy adentro las orillas del que constituyen la causa solar, y probar su abismo. Algunas veces forman una especio de identidad con las dé nuestro planeta. Los experimentos de Itunsen y de Kirchhoff sobre el la grieta. No puedo imaginar cosa de mas mé- puente haciendo adherencia á ambos lados de espectro, han demostrado no solamente esto, rito deducida del examen do los observadores sino también las previas conjeturas sobre la que estas manchas extraordinarias. La relación naturaleza déla capaque envuelve al sol. Debo que parece haber entre las fuerzas que obran hacer notar aquí, en cuanto al bello descubrimiento de Mr. ivasmyth, que la superficie bri- bien digna de llamar la atención; este punto en el sol y la fuerza magnética terrestre, es cosa llante del sol está compuesta de un conjunto ha sido estudiado por la Sociedad Británica, y ; de cuerpos aparentemente sólidos, de una forma particularmente por el general Sabinc, quien parecida á las hojas de sauce y que se entrela- con tanta habilidad como interés se ha dedica- 31

2 302 do al esclarecimiento de este fenómeno. Voy á mencionar el fenómeno mas notable que ha ocurrido y que fue visto por varios observaflores en puntos diferentes el 1." de Setiembre de Una repentina manifestación luminosa mus brillante que el resto de la superficie del sol se vio en dicho dia, lo que se estudió sobre una gran parle del disco solar, listo fue seguido de perturbaciones magnéticas do extraordinaria intensidad y con manifestaciones de aurora de desusada brillantez. El instante mismo en que apareció la efusión de luz lüé anotado por los instrumentos de Kew que marcan solos. El fenómeno que se vid no era probablemente mas que una parte del que entonces se verificaba, porque la tempestad magnética empezó antes y continuó después de su aparición. Si alguna conjetura puede hacerse en semejante caso, podemos suponer que este notable sucoso tiene alguna relación con los medios por los cuales so renueva el calor del sol. Carece razonable suponer que el sol en aquel tiempo estaba recibiendo una cantidad mayor de energía que la queliabitualmonte recibe, y la teoría que atribuyo el mantenimiento do su poder á la materia cósmica queso sumerge en su masa con la extraordinaria velocidad que, debe imprimirle la gravitación al acercarse al orbe del sol, nos dará una explicación de esta manifestación de intensa luz que estará en armonía con lo que nosotros sabemos, de que oí movimiento reprimido está representado por una cantidad equivalente do calor. Las observaciones telescópicas añadirán probablemente nuevos hechos que puedan guiar nuestro juicio en este asunto, y teniendo en cuenta lambien las observaciones sobre el magnetismo terrestre, podríamos quizás ensanchar nuestros conocimientos sobre la naturaleza del calor de la luz y do la electricidad, iludió nos queda todavía que aprender con respecto á estos agentés: sabemos, sin embargo, lo' suficiente para' inferir que no pueden ser trasmitidos desde el sol á la tierra, si no es pasando de una partícula á olra de la materia intermedia. Cualquiera que sea nuestra manera do considerar la naturaleza de los átomos, debemos concebir que son centros donde concurren fuerzas que obran en todas direcciones. No sabemos de una manera evidente ni por nuestros sentidos ni por otro cualquier motivo que estos ceñiros estén ocupados por materia sólida indivisible y esencialmente distinta de la fuerza. El Doctor Young ha demostrado que aun en un cuerpo tan pesado como el agua, estos núcleos, si es que existen, deben ser tan pequeños con relación álos espacios vacíos intermedios, que cien hombres distribuidos á iguales distancias sobre toda la superficie de Inglaterra representarían la magnitud relativa y la distancia. Cuáles deben ser, pues, las dimensiones relativas de la materia muy rarificada? Pero para qué entorpecer nuestras investigaciones sobre las fuerzas imaginando esté molécula central que para nada nos sirve? Si nosotros retenemos las fuerzas y desechamos la molécula, obtendremos todas las propiedades que reconozcamos en la materia por el uso de nuestros sentidos ó por el auxilio de nuestro raciocinio. Consideránlolo de esta manera, la materia no solamente es una cosa que depende de la fuerza, sino que se compone y es constituida de fuerza. La teoría dinámica del calor es tal vez el descubrimiento mas importante de este siglo. Sabemos ahora que cada grado Fahrenheit do temperatura en una libra de agua es equi^ valcnlc á un poso de 772 libras, y que estas acumulaciones de calor y poder son reciprocamonto convertibles una en otra. La teoría del calor con su numerosa computación es debida principalmente á los trabajos de Mayer y de Joule, aunque muchos otros nombres comprendiendo ;i los tío Thomson y Raukino están invariablemente unidos á su desarrollo. Hablo de oslo descubrimiento como si fuese do la edad presente, porque lia quedado establecido en nuestros tiempos; pero si tratamos de investigar cuándo se tuvo la primera idea de la identidad del calor y del movimiento, hallaremos 'como siempre nos sucede en tales casos) que

3 las mismas ideas se han tenido eu tiempos anteriores aunque de ana manera oscura y sin demostración alguna. En los escritos de lord Bacou, hallamos sentado el principio de que el calor se debe considerar como movimiento y no cómo otra cosa. Esleiidiéudose en consideraciones sobre este punto este hombre extraor-. diiiario hace ver que había comprendido la verdadera teoría del calor tanto como lo permitía el estado del saber humano en su tiempo. Aun Aristóteles parece haber sospechado que el movimiento debía considerarse como el principio fundamental no solamente del calor sino también, de todas las Otras manifestaciones de la materia, y por cuanto sabemos, parece que los primeros pensadores han abrigado semejantes ideas. La ciencia de la artillería, ele la que solamente hablaremos de paso, está íntimamente unida con la teoría dinámica del calor. Guando la pólvora hace explosión en un cañón, el efecto inmediato do las afinidades, por medio do las cuales las materias que forman la pólvora entran en nuevas combinaciones, es de poner en libertad una fuerza que primeramente aparece como calor, y que después toma. la. forma de poder mecánico, comunicado en parte al proyectil y en parle á los productos de la explosión que también son arrojados del cañón. La fuerza mecánica del proyectil se convierte de nuevo en calor cuando esto se para hiriendo á un objeto, y este calor so reparte entre el proyectil y el objeto herido en la proporción del trabajo efectuado ó sea del daño causado á ambos, Estas consideraciones me condujeron recientemente en unión con mi amigo el capitán Noble, <á,determinar experimentainienío, por medio del Calor del.proyecttl, la pérdida de efecto: debida al aplastamiento que experimentaba cuando se hacia fuego contra planchas de hierro. La ley de Joule y la bien conocida.ve. locídad del proyectil, nos proporcionaban el medio de computar el número de unidades dinámicas de calor, representando todo el poder mecánico en el proyectil, y asegurándonos del número de unidades de calor perdidas por el 303 choque, llegábamos al poder que le quedaba al proyectil. Estos experimentos demuestran una enorme absorción de poder, debida á la maleabilidad de los materiales de que comunmente sé forman los proyectiles; se necesitan, sin embargo, otros experimentos para poner este hecho fuera de duda. Mientras que trato de la artillería, debería pagar un tributo de alabanza al hermoso instrumento inventado y perfeccionado por el Mayor Narez, do la artillería belga, y que sirve para determinar la velocidad de los proyectiles por medio del electro-magnetismo. Este instrumento ha sido de gran valía en las últimas investigaciones y se presentan algunas cuestiones en los proyectiles que solo pueden solventarse con la ayuda de este instrumento. Se necesitan aun experimentos para aclarar varios efectos de la artillería aparentemente anómalos, y para determinar las condiciones mas favorables á la eficiencia, considerando á la vez el ataque y la defensa, lis muy agradable ver al Gobierno obrar en consonancia con los luminosos principios de nuestros tiempos, ocupándose de experimentos científicos que conducen al saber, que tanto: en la guerra como en la paz, os proverbiahnente: reconocido como el verdadero manantial del poder humano. Los recientes descubrimientos del profesor Tyndall respecto á la absorción y á la radiación del calor por los vapores y gases permanentes, constituyen importantes adiciones á núes-, tro saber. La extrema delicadeza de sus experimentos y la notable diferencia do sus resultados hace que sean bonitos ejemplos de investigaciones físicas. Sonde gran valor con relación; á lo que ilustran, la acción vibratoria en lama-: teria que es Jo que constituye el calor, pero es sobre todo on su relación con la ciencia de la meteorología que merecen llamar nuestra aten-, cion. De estos experimentos deducimos que la; cantidad de vapor de agua suspendido en la, atmósfera obra como una, cubierta: caliente sfl- ; bre la tierra. La eficacia :de este vapor en rfet tener el calor es perfecta:, comparada; con jiii

4 304 del aire. Aunque la atmósfera contiene por tér-lmino medio solamente una partícula de vapor de la lluvia, lo que está acorde con las ideas nieve con un espesor de una milla i acuoso por cada 200 de aire, esta sola parle preconcebidas. También ha hecho buenos ser- probando la virtud de varios aparatos á do agua absorbe 80 veces mas calor que lasvicios 200 de aire. Suprimid, dice el profesor, f-yndall, alturas tales que no podian ser visitadas sin en una noche de verano el vapor acuoso contenido en ol aire, y matareis, á no dudarlo, dia para trasmitir el pensamiento, es también peligro personal. La facilidad que existe hoy todas aquellas plantas que no sean susceptibles una de las cosas mas notables del' 1 présenle de sufrir un gran frió. Muchos fenómenos me- siglo. Los buques y los correos que van á to- teorológicos reciben de estás investigaciones una explicación aceptable, las que probablemente están destinadas á arrojar nueva luz sobre las funciones de nuestra atmósfera. Pocas ciencias tienen mas valor práctico que la meteorología, y pocas hay también que sean hasta ahora tan poco conocidas como ella. Nada contribuiría mas á salvar la vida y la propiedad, y á aumentar el bienestar general en el mundo, quu poder prever con certeza los cambios del tiempo. Por do pronto nuestros medios do conseguirlo son excesivamente imperfectos; pero tales como son, han sido empleados con buen éxilo por el ainiral Filzroy, que ha avisado á los marineros la aproximación probable do las tempestades. Esperamos que un asunto que tan provechosos resultados puede dar, sorá ejecutado con mayor seguridad cuando lleguemos á conocer mejor de lo que hoy díase conocen las causas que originan el viento, la lluvia, el calor y el frío. Las exploraciones aéreas llevadas á cabo con tanta intrepidez por Mr. Glaisher, bajo los auspicios do la Sociedad Británica, podrán sin duda arrojar alguna luz! das las partes del mundo;, el papel y la impresión reducidos al menor coste posible, telégrafos eléctricos entre una nación y otra, entre una ciudad y otra, y aun ahora (gracias al bello invento'del profesor Wheatstone) entre una casa y otra. Todo esto ayuda á este comercio de ideas por medio del cual se aumenta el bienestar y el saber. Pero mientras que se da tan prodigiosa facilidad á la comunicación mental por nuevas medidas y nuevas invenciones, el arle fundamental de expresar el pensamiento por medio de símbolos escritos, queda tan imperfecto como lo ha sido hace muchos siglos. Parece extraño que poseyendo, como poseemos actualmente, un sistema de signos por medio de los cuales se puede escribirían deprisa como se habla, persistamos en escribir de una manera larga y laboriosa. Se comprende que á las personas do,edad que han adquirido el presente arte de escribir les sea penoso aprender otro nuevo; pero no puede haber ninguna razón para que la generación nueva no sea instruida en un nuevo método de escribir que está mas en concordancia con la actividad de espíritu sobro tu.ii importante asunto. Sabemos ahora, que ahora reina. Aun sin que yo quiera decir según las observaciones de Mr. ülashier, que que se adoptase para el uso ordinario un sistema completo de stereografía, que no es fácil la disminución de temperatura cuando se olevan j en la atmósfera no sigue la ley que se «reía en ; de adquirir, abreviaríamos mucho el tiempo y uu principio de un grado por cada 300 pies y' el trabajo de escribir escogiendo algunos signos sencillos para representar las sílabas mas que en realidad no sigue ninguna ley definida.: Mr. Glashier parece también haber asegurado! usuales de nuestro lenguaje. pe la lluvia solóse produce cuando las nubes j están en una capa doble. Las gotas de agua, según ha hallado, disminuyen con la elevación, SOBRE I)N TRATADO RELATIVO A LA USO Siendo cada vez mas pequeñas hasta que se convierten en espesa niebla. Mr. Glashier DEL GLOBO, DE H. A. quetelbt, Pü» II. A. DE 11 a[ve. encontró Pocos físicos habrá que hayan contribuido ma"

5 que M. Queíelet á los progresos de esla parle de las sacan partido, encontrando en ellos su propia expli- ciencias naturales, conocida con los nombres de meteorología y física terrestre. No solamente por una lino de los mayores servicios que los progresos cación.- larga serie de observaciones de muy diferentes gétieros, y seguidas con tanta perseverancia como acier- terrestre yá la meteorología, es permitir establecer de las demás ciencias físicas pueden'prestará la física to, tiene M. Qttetelet derecho á ocupar un lugar preferente entre los meteorologistas, sino que además vez mas íntima, y hacer asi una verdadera ciencia, c» entre los fenómenos que presentan una trabazón cada tiene el mérito de haber sabido reunir desde hace mucho, tiempo las observaciones que se hau hecho en hechos. Se observan con cuidado á diferentes horas vez de dejarla el carácter de Una 'simple colección de diversas partes del globo i sometiéndolas á una sana del dia las variaciones de la presión atmosférica; las crítica, y de haber sacado un gran partido de ellas de la temperatura y humedad del airé. Los numerosos para llegar á leyes generales. y largos cuadros que encierran estas observaciones, La obra que anunciamos no es mas que un resumen seguido de reflexiones generales y otros tra- aplicando á su estudio las leyes que la física ha dado presentan en sí mismos poco interés; pero cuando, bajos del sabio físico de Bruselas. Contiene diversos á conocer sobre las relaciones que reinan entre hi capítulos dedicados á la meteorología en general, y temperatura y la fuerza elástica de los gases y de los con mas particularidad al estudio de las temperaturas \ del aire y del suelo, á la electricidad atmosférica, al magnetismo terrestre y á las estrellas fugaces. La obra termina con dos capítulos, de los cuales uno trata de ios fenómenos periódicos de las plantas y do los animales, y el otro de los fenómenos de las mareas aplicado? principalmente á Bélgica. De todas las partes.de las ciencias, la física terrestre y la meteorología son aquellas cuyos progresos lian sido necesariamente mas lentos. Mientras que en las ciencias experimentóles puedo el sabio, según quiera, reproducir los hechos que desee estudiar, aquí es necesario que espere con; paciencia que la naturaleza ofrezca á su vista tos-fenómenos que trata de observar, y cuyas causas debe investigar.,esta osuna obra de empeño, que exige lanía paciencia como exactitud. Hay mus: la física terrestre y la meteorología necesitan aplicar las demás ciencias naturales; toman de la física sus leyes, sus métodos de observación y sus instrumentos: la química y la geología las suministran los datos que é son indispensables para proceder con conocimiento de causa en la interpretación y explicación de los fenómenos naturales: la misma historia natural viene en su auxilio, como lo demuestran! partido que de ella ha sacado M. Quetelét. Por consiguiente los progresos que puede hacer este ramo de los conocimientos humanos, están necesariamente subordinados á los de las demás ciencias de observación, y sobre todo de las ciencias experimentales. Por otra parte, puede á su vez prestar grandes servicios a los demás ramos de las ciencias físicas y naturales, procurando observaciones regular y déte- i nidaraente hechas; observaciones que aisladas tendrían poco interés, pero que aprovechadas por los físicos, químicos y naturalistas, pueden conducir a resultados generales importantes, de que ellos mismos íjoü vapores, se llegan á unir todas éstas variaciones unas con otras, se hace verdaderamente una obra grande é interesante. Las innumerables observaciones del magnetismo terrestre hechas en todos los puntos d< l globo parecen algunas veces enojosas y casi inútiles; pero cuando se comparan entre sí y con los demás fenómenos naturales, se descubre entre ellos una relación intima, por una parte con la marcha del sol y aun de la luna, y por otra con la aparición de fenómenos de un orden diverso, como por ejemplo las auroras boreales, no adquieren una importancia particular, haciendo que el hombre de ciencia siga la huella délas grandes leves de la naturaleza? Efectivamente( cuanto mas se adelanta en el estudio de las ciencias, mas se perfecciona el arte de la observación y de la experiencia, y mas se descubre una conexión íntima, ó podría decirse que casi una solidaridad entre lodos los fenómenos naturales, y se. sospecha la posibilidad de conseguir alguna vez referirlos todos á una causa común... Consideradas bajo este punto de vista la fisicíi terrestre y la meteorología, adquieren un carácter etiteramente nuevo, por el cual se comprende bien que hombres de alta capacidad hayan podido decidirse á dedicar á las observaciones que exigen un tiempo y : una inteligencia que á los ojos dé los que soló consideran las cosas ligeramente, hubieran podido 'emplear con mas fruto. Hace mucho tiempo qué el nombre do Queíelet nos ha sugerido las ideas que.acabamos de exponer, y nos alegramos de tener ocasión de proclamarlas- : Antes de entrar en la exposición detallada de los fenómenos, presenta M. Quelelet-algunas consideraciones generales sobre la naturaleza de la atmósfera, las cuales nos parecen bastante interesantes para fijar un momento nuestra atención..-r.., > ^ J; j

6 -ÍOG Admitiendo en toda su extensión la ley de Mariotie, supónese á la atmósfera una altura de unas 20 leguas; no obstante, por diversas consideraciones los físicos lian aumentado mucho estos límites, y han creído que la atmósfera podia extenderse tres ó cuatro veces mas que la elevación admitida auliguamente. SI. Quelelel parece inclinarse á esta opinión, pero se ve obligado á admitir que la atmósfera se compone de dos parles esencialmente distintas: una inferior, siempre movible, en estado de corriente, cuyas partes se reemplazan mutuamente; otra superior, relativamente fija, y apoyada en la parte movible. Parece evidente que la pinte superior de la atmósfera no puede seguir exclusivamente el movimiento de nuestro globo; debe ser mas ó menos afectada por la corriente de aire en la cual descansa, y experimentar por consiguiente un movimiento especial que le aproxima á él. Por lo demás, se puede distinguir bien la capa-limito en que lu atmósfera superior se separa de la inferior, constantemente en movimiento. Los cirros, nubes mas elevadas y mas ligeras, indican su posición; no tienen la misma altura cu invierno que en verano; se encuentran en cierto modo adheridos á la parle superior pueda verificarse por una causa mecánica. de la atmósfera movible, hacia ios límites en que empieza la atmósfera ( ja. Kn lo interior de la capa movible se forman las nubes y meteoros que podemos estudiar directamente. Los trastornos continuos que experimenta esta parte inferior de la atmósfera, hacen que el aire que en ella so RICOLIO sea sensiblemente el mismo en cuanto d la del globo dice que son comunes á nuestra tierra y á la parte superior de la atmósfera, atendiendo á que aun cuando experimenten variaciones diurnas y anuales, corresponden mejor sin embargo al globo en general. Tal vez la distinción propuesta por M. Quetelet es demasiado absoluta, porque no nos parece que la diferencia entre ambas capas de la atmósfera es tan mareada como supone. Podríamos convenir con él en que la parte superior de la atmósfera se halla, á causa de su gran enrarecimiento, en condiciones de movimiento muy diversas de las que corresponden á la capa inferior; pero esta diferencia nos parece que debe establecerse por grados sensibles y no do un modo brusco. En cuanto á la separación de las parles que entran en la composición del aire atmosférico por el hecho de su falta de agitación, no podemos admitirla porque nunca se ha visto que el aire en reposo en un vaso cerrado se separe en dos capas, una de oxígeno en la parte inferior, y otra de nitrógeno n la superior; la mezcla de los gases que constituyen el aire atmosférico es bastante íntima, aun cuando no sean una combinación química, para que su separación Estamos, por el contrario, muy dispuestos á creer con 51. Quetelet, que la atmósfera tiene una altura mucho mayor de lo que generalmente se admite, y que es el sitio en que se verifican varios fenómenos, que por espacio de mucho tiempo se han considerado como extra-atmosféricos. En cuanto á las descargas eléctricas que constituyen particularmente la aurora coiuposiuon química, lili i i capa inmóvil, situada mas ; boreal, nos parece que deben empezar en la región de arriba, á la cuai nu llegan los seres vivos ni se elevan j los diroa, extendiéndose por encima y aproximándose las nubes, puedo admitirse por el contrario que los al globo terrestre en la inmediación de los polos, liemedios se extienden en ella con facilidad en el orden i conocemos también con 31. Quetelet, que la parle sude sui densidades, y que su desarrollan por capas uni- perior de la atmósfera, atendiendo al sumo grado de formes, bien mezclándose ó manteniéndose separados. enrarecimiento que la hace eniinentanicntc conducirá. No so necesita suponer que cada capa está compuesta lo mismu que la inferior; puede tener en su superficie debe desempeñar, bajo el punto de vista eléctrico, un papel importante, bien en la formación de las tempessustancias (le un peso especifico menor, y que no sean tailcí, bien en la producción de diversos fenómenos, susceptibles de componerse ó de mezclarse con las sus- j como por ejemplo las auroras boreales. laueias interiores. j Examinemos ahora rápidamente algunos de los En esta capa inmóvil es donde deben producirse J capítulos de la obra de II. Qiictelct, y*no pudiundo fenómenos tales como las auroras boreales, las estre- j hacer una análisis completa de ellos, nos ceñiremos á lias fugaces y los meteoro» luminosos que solemos : algunos puntos que nos («rocen de mas inmediato observar sin poder someterlos directamente á nuestros! interés. experimentos. La formación do los fenómenos es mas i Indicaremos una comparación inlcrcsanlo entre el regular en ella, porque el medio en que se producen! higrómelro de Saussurc y el psicrómetro de Augusto, es mas conslanlc que el de la atmósfera inferior. que demuestra que estos dos instrumentos marchan l'or consiguiente, según M. Quolelet, deben (lis- j visiblemente conformes, y rehabilita por consiguiente linguirsc como propios de la mctimhgá los teñóme- al liigrómclro do cabello, que con facilidad se ha abannos que se verifican on ia parle constantemente agi- donado, á pesar de lo mucho que antes se ponderó, tada é inferior de la atmósfera, de los que cu la [iáa\ Efectivamente, cuando este instrumento está bien

7 construido y se ha tenido cuidado de rectificarle de cuando en cuando, puede dar resultados suficiente' mente exactos, y aun superiores a las bajas temperaturas, á los ( lié da el psicrómetro de Augusto. Añadiremos qué es de un uso tan cómodo y de una observación lan fácil, que los 'meteorologistas no deben renunciar á él ligeramente. Entre las observaciones hechas por M. Qtietelet acerca de la humedad del aire, una (lelas que mas nos han llamado la atención es la de que la marcha dé la humedad parece que tiene intimas relaciones con la de la vegetación; así es qué cuando no hay follaje es mayor la humedad del airé, y en la época en que la vegetación se halla en toda su actividad, tiene por el contrario menos valor. Los resultados del psicrómetro y los de! higrómetro de cabello guardan completa conformidad en esto, y demuestran que la época de menor humedad del aire es en el mes de Mayó, y qué en la de mayor humedad, el mes de Di' ciembre, que escede un poco al de Enero. Esta absorción de la humedad del aire ñor la vegetación, que ha comprobado directamente M. Qtietelet, confirma la opinión que había emitido para explicar la aparición y desaparición sucesivas de las grandes hicieras, respecto á la inluiencia que debe ejercer la vegetación sobre la humedad de la atmósfera en la época de que se trata. El capítulo relativo á la electricidad del aire es uno de los mas notables: sábese qué esté importante elemento de nuestros conocimientos meteorológicos, hace mucho tiempo que es objeto de continuadas observaciones en el Observatorio de Bruselas. Desgraciadamenle no sucede lo mismo en otras partes; no obstante, M. Lamont, de Munich, y M. Honald, de Kew, ofrecen una honrosa excepción, y comparando los'resultados obtenidos por estos sabios con los que son debidos á M. Quetelet, so hallan diferencias que, aunque puedan consistir en la imperfección de los instrumentos ó en la de los métodos, no dejan de ser m«y interesantes. Las observaciones de Munich y de Kew, lo:mismo que las de Bruselas, demuestran en todo caso qúésla* electricidad estática del aire es mayor en invierno qué en verano: pero las tensiones eléctricas que en los meses extremos de invierno y verano son como 9 á 1 en Bruselas, en Kew son como 6 á 1 y en Munich como 2 á 1. La distribución de la electricidad en la atmósfera es «na de las cuestiones que no pueden resolverse mas qué indirectamente, y solo de un modo aproximado. Resalta evidentemente de todas las observaciones, que la atmósfera se halla cargada de una electricidad positiva, cuya intensidad va aumentando á me- 307 dida de la elevación en ella. M. Quetelel se inclina ií admitir que la electricidad de lañarte déla atmósfera que ha designado coíi el nombre do sú/whbr se divide en dos parles: una negativa en lo alto, que forma equilibrio según él con lá electricidad positiva del sol y del espacio circundante; otra positiva mas abajo, que lo forma con la electricidad negativa de la tierra por.entre la capa inferior. Lo que sostendria ambas electricidades positiva y negativa separadas en la capa superior déla atmósfera, debe ser la gran sequedad que allí debe reinar. No existiendo esta sequedad absoluta en la capa inferior, puede atravesarla la electricidad positiva, aunque con gran dificultad, y aun puede ir á unirse con el fluido opuesto de la tierra; pero no existe nunca comunicación íntima. No podemos aceptar completamente esta opinión: en primer lugar nos parece imposible que la capa superior de la atmósfera piicda contener ambas electricidades, porque aun cuando estuviese sumamente seca, su muchísimo enrarecimiento debe hacerla eminentemente conduclriz, y por consecuencia no podrían subsistir en ella sin unirse las dos electricidades contrarias. Admitimos que la tierra se halle cargada de electricidad negativa; pero en cuanto á la atmósfera, excepto algunas precipitaciones acuosas que por causas accidentales, fáciles (lo comprender, tienen la electricidad negativa, es eminentemente positiva, y su electricidad puede propagarse con tanta mayor libertad, cnanto que se encuentra cu las capas mase]evadas,y por consecuencia en las nías enrarecidas y conductoras. Las variaciones dé intensidad orí la electricidad rtel aire parece que tiene una relación muy íntima coíi las de la humedad, lo cual es una consecuencia natii- al del hecho de que los instrumentos que sirven para percibir y medir este agente se hallan en la parte inferior de la atmósfera^ y que la electricidad que existe en las capas superiores llega á ellas con tanta mayor facilidad cuanto mas húmedo está el aire. Así es que 1 desarrollo tranquilo de la electricidad sobre la tierra es mas frecuente en invierno; que generalmente se verifica sin sacudimientos, al contrario de lo qué sucede por el verano, en que este desarrollo; á cansa de lo seco del tiempo, se verifica entonces nías 'brusca 1 ' mente, y produce muchas tempestades. Pero si las tempestades son mucho menos frecuentes en invierno, en cambio son mucho mas peligrosas y de mayor extensión. Principalmente en verano se hallan en la atmósfera cargadas las nubes de electricidad negativa, lo cual consiste en nuestra opinión en que la evapoicíon que se ha verificado en la superficie del suelo, eleva en la atmósfera vapores acuosos cargados de la electricidad negativa de la tierra.

8 308 En el capítulo acerca de la electricidad del ain dedica II. Quetelet un extenso párrafo á hablar de la; auroras boreales, que considera coriio fenómenos eléc (ricos. Indica, sin insistir en ello, el hecho admitkl ppr:vafips físicos, de (fue éstos fenómenos tienen un; Sjrciada periodicidad; y recuerda que M. Haiisleen :vt Üe:Sé lia' ocupado niücho en esto, cuenta veirtticuatr ciclos de auroras boreales desde el año 502, antes di ~J C. Según estefísicóí el último Ciclo deberia babel éñipezaílo én 1707 y terminado en 179O.rLa; exis Uencia de: ésta periodicidad nos parece: que ha llegado ;i,íí ser algo problemática, desde que por :iuimerosas olí "áervaeíones y mas aproximadas a) polo boreal, ha.. poílído cerciorarse de que hay auroras boreales nías ó inéííos visibles casi todos los días del año. No obstanté, podría suceder que esta periodicidad existiese realliiénté, y que estuviese ligada á algún otro gran fenómeno también variable, como por ejemplo el movimiento de los hielos polares. en esle caso es preciso admitir que los habitantes esparcidos en regiones distantes ven una aurora boreal diferente, y que Ja concomitancia del fenómeno consiste en la semejanza del estado atmosférico. El magnetismo terrestre ocupa un lugar muy importante en la Obra de M. Quetelet; Observa que una de las causas que han retardado mas el progreso de esta parte de la física terrestre,: es que los observadores yivian aislados; que se comunicaban poco sus trabajos, y que por esto podian dificilménle compararse; que los métodos de observar y los instrumentos eran, por otra parte, casi siempre diferentes, y no permitían comparaciones entre sus resultados. A M. Arago y Kupffer son esencialmente debidas las primeras investigaciones que han demostrado la simultaneidad de acción magnética en puntos distantes del globo, no solo en las variaciones regulares, sino también en las perturbaciones frecuentes. Después Gauss y Humbold dieron un impulso enteramente especial i este género de investigaciones; de lo cual ha resultado un sistema magnético que comprende todo el universo, y en el que han tomado parte muchísimos sabios, entre los cuales debemos contar en primer término al infatigable General Sabine. Estos numerosos y grandes trabajos han cohdusido ya á los físicos á reconocer en el magnetismo ter- eslre, al lado de sus fenómenos diurnos y de sus vaiaciones que se relacionan con todas las perturbacioies atmosféricas, períodos mas ó menos largos, cuyas erdaderas causas ignoramos. Así vemos que se má- ficstan períodos bien marcados que 'pasan de un igloi. así:es;que;la declinación occidental parece haber legado: entts npsp:tíos;á^ Sú Talpr::«áximun en:1815: lésovílntotiiceá ha disminuido y parece que,debe ser, Pero hay una periodicidad en las auroras boreales que es incontestable, y es la que se.halla:en relación con el período de las estaciones. De una tabla formada ppr M. KiBitjtz en quince estaciones notables, resulta: í. que no hay mes del año en que no pueda verificarse una aurora boreal; 2. que este, fenómeno se produce especialmente hacia la época de los equinoccios; 3. que los números reunidos por M. KiBinlz, demuestran efectivamente que las auroras boreales han presentado una marcha periódica: los dos números mayores aparecen en el mes de Marzo y Octubre, mientras que los menores se hallan en los meses intermedios, especialmente en Junio y Julio, pues, los núiikíi'os de Diciembre á Enero son tainbiejn cercadé la inifeid de lóside Marzoy désétíembreá :i)stusir&^ los dé.junio y Julio no spiv: pasqué la fíéliniasóia: sexta parte. Esta difétenciajqíiiza (jodrí ^Íá;J3oiJ^istir:: : én par(éeniiémayprduracipn ( élasnóclies;:dí ( ívieriip; ~síníéébáígí»jv.li diferencia de;temperatura debecon* : tribuir riiucho á ello.; : v : ::.: ;,;,; ',:, \,: La altura á que se manifiestan las auroras boréít- ijílav éj) : í9íol:(conv : iri éhdóset después en oriental p tal. Bajó esta: íi ueva forma podría llegar al cabo de algo mas de un siglo á un segundo máximo, pero oriental, recobrando so primera posición al cabo de un periodo (le unos 300 años. M. Ilanstecn ha calculado por su liarle que debe verilicarsc un mínimum en la inclinación magnética á lines de esle siglo en las regiones tósse ha creído desde hace-.mucho tiempo que era : nías considerable de Jo que eit realidad es; Ya heñios boreales y orientales de la Huropa, fu> s y a,&u algo después on tenídi» ocasión de tratar, este importante Ipiintp, y las meridionales y occidetl occidenlales: en Bruselas, B l porejehví.^quctelet deducetiimliien;, conlojipípírosltí faíós: pió,se verificaría tíáciá lilst.'* ' ".'. i-: \. : e p (le las numerosas obséryaéíó^es!quéifsé haii p q a podido fiar lugar á creer que las auroras boreales tengan una grandísima altura, es que por lo común se descubren al mismo tiempo en puntos muy diferentes del globo, ^IjjjníiidiSmiiliicíon ; súééáiy s;w \pisííi^;ió*n: Iffii'násádíKlat jsebliííséfeitií qué/,#p:ffl^ii#rígipués; ;.

9 Su duración» según M. Schwabe y Mr. Gauthier, es la misma que el período de las manchas solares: según MM. Lamont y Sahine debe haber también variaciones magnéticos ligadas con el movimiento de la luna Al lado de estos períodos regulares de varíacione existen perturbaciones irregulares, que; como se sabe coinciden con las apariciones de las auroras boreales. Lo qsie hoy de característico en estas perturbaciones es que se extienden á la vez sobre todo el globo aun tón.ías parte? en que no es visible la aurora boreal. Ni sucede lo mismo con la electricidad, que en sus mayores manifestaciones ejerce su. acción en espacios muy reducidos; con frecuencia á algunas leguas de distancia no so percibe la acción que en otras partes se míiesta. Esla diferencia que establece M. Quetelet es inas aparente que real, porque as grandes perturbaciones magnéticas que coinciden con las auroras boreales, son mas bien debidas á la electricidad, pero á la electricidad dinámica, la misma que produce la aurora y circula cerca de la superficie del cielo; mientras que la electricidad estática, cuya presencia descubre el electróscopo, es la que se manifiesta de una manera esencialmente local. No obstante el Padre Seecbi ha demostrado últimamente que esla electricidad local ( ue acompaña á las nubes, puede obrar sobre los aparatos magnéticos, Uno de los capítulos mas importantes y mas extensos de la obra de M. Quetelel, es el que dedica i las estrellas fugaces. Empieza por recordar que esta clase de fenómenos no ha llamado detenidamente la atención (le los observadores hasta hace un corto número de años; y cita á Uehtemherg, Olbers y Cliladni, por haber sido los que á fines del pasado siglo y á principios de este se han ocupado especialmente en esto, aunque sin llegar todavía i resultados muy precisos. Debemos observar que al mismo M. Quetelet se debe el haber empleado en este estudio un cuidado enteramente especial, y llamado la atención de los sabios, especialmente de Arago. Merced á la actividad con que se ha emprendido este género de observaciones, se líavllégado á demostrar un punto importante, cual es la periodicidad de la aparición de las estrellas fugaces, qué se manifiestan sobre todo en dos épocas dei año, á 'saber» del 10 al 12 de Agosto y del 11 al 13 de Noviembre. Otro pantoque parece fijado por M. Quelelet es, que el fenómeno no es cósmico, sino mas bien atmosférico; que se verifica á grandes alturas ciertamente, pero no mas allá de los límites que otras consideraciones inducen á asignar á la extensión de nuestra atmósfera. M. Quetelet vuelve aquí á su distinción ehíff; ía parte inferior ó instable y la parte superior ó ''estele déla atmósfera, y en esta tilinta coloca el lu- 309 gar en que se manifiestan todas las estrellas fugaces, asignándoles todas las observaciones de paralaje una altura máxima de 30 leguas. En cuanto á su velocidad de traslación es excesivamente considerable; asi que, mientras que un relámpago no recorre mas que l( 00 pies por segundo, las estrellas fugaces recorren i ó 6 leguas en el mismo tiempo. Volvamos á tratar por un momento de la periodicidad del fenómeno. Las estrellas fugaces aparecen en general en mayor ó menor número en todas las noches ciaras; pero este número es muy variable. Ofrecen de notable, que existen épocas del año en que son mas considerables que en otras. Humboldt había ya indicado por primera vez el 11 de Noviembre, y Queteh't el 10 de Agosto, épocas en que ya se hallaban señaladas otras muy antiguas. Cuando en 1839 presentó M. Quetelet su primer catalogo de estrellas fugaces, citó además de estas noches otras que habían presentado un gran número de estos meteoros, y entre ellas mencionó las de mediados de Octubre, como también las de 1 de Diciembre y 2 de Enero. listas épocas particulares exigían la mayor atención, porque presentaban un carácter especial, sobre lodo en las noches del 10 de Agosto y del 11 de Noviembre, en las cuales los meteoros procedían de una dirección casi uniforme, y su aparición estaba frecuentemente iluminada» ó á veces reemplazada por una aurora boreal, lo cual no sucedía en las apariciones ordinarias, de las cuales se distinguían particularmente. Por lo demás, estas noches tenían,tóelas igual vajor; ia misma del 11 de Noviembre parece que ofrece hoy menos importancia que á principios de bste siglo, bien lorque el número considerable de estrellas fugaces ;jue la distinguía haya desaparecido completamente, lien porque haya habido intermitencia, y qtic él feiómeno deba recobrar después su curso habitual, í. Couivier-Gravier, que por sí mismo ha obser- ado desde hace muchos años con tanto cuidado las apariciones de estrellas fugaces, hace notar también que la aparición del mes de Agosto va disminuyendo de año á año. No obstante, un hecho general que subsiste, y que resulta de las observaciones contenidas en un cuadro muy completo formado por M. Quetelet, es que el minero de apariciones de estrellas fugaces es mucho nías :onsiderable desde el 1. de Julio al 31 de Diciembre, [ue desdé ei l. de Enero al 30 de Jutiíó; y los vaores respectivos que presentan los dos semestres sucesivos de un mismo año están en la proporción de\.. 39 á 178, ó poco mas ó menos en la de 3 á 1- Es no-;; table, dice Arago, que lo mismo que sucede en (asi caulas de aerolitos, en las apariciones dé las liólidas^y^ 52 " \ '.-.. : í\ :H : - : í

10 310 en las de las estrellas esporádicas, las estrellas fugaces en masa son desde Julio á Diciembre mucho menos numerosas que desde Enero á Junio: por consiguiente, la tierra encuentra, añade este sabio, mayor número de metéoros cósmicos cuando va del afelio al perihelio, que cuando camina del periheíio al afelio. La observación de SI. Arago demuestra que el ilustre sabio atribuye á las estrellas fugaces un origen cósmico y no atmosférico; y en efecto, confesamos que estamos dispuestos á aceptar su opinión mas bien que la de M. Quelelet, (rué observa, y ciertamente con razón, que hay un hecho en el estudio de Ifís estrellas fugaces que quizá no ha llamado bastante la atención de los sabios, reducido á que, á pesar de su número prodigioso durante ciertas noches, no puede asegurarse, sin embargo, que se las ha observado bastante cerca para determinar su naturaleza. Los observadores no han podido tocarlas, añade M. Quelelet, y por consecuencia debe creerse (pie tienen una propiedad especial que las separa de la superficie de la tierra, oque son simplemente inflamaciones, fulgores que pueden percibirse á ciertas alturas, y que se extinguen en una atmósfera mas densa y mas aproximada á nosotros. No pueden confundirse por consiguiente con los aerolitos, las hólidas y lascaidas de polvo, porque su origen y * naturaleza son muy diversos. Sin embargo, nos es difícil concebir el fenómenode las estrellas fugaces de un modo distinto del dearago, y delquc le considera también M. HemckdcNewhavon en una carta dirigida n'af. Quetelet; es decir, como debido á una multitud de pequeños asteroides queencuerttra la tierra en ciertos puntos del espacio en su revolución anual alrededor del sol; asteroides que tienen un movimiento propio que se combina con el de la tierra, y que pueden hallarse un momento en el camino de nuestra atmósfera, cuya parte superior parecen atravesar haciéndose luminosos. Asi se explican mas fácilmente las vueltas periódicas del fenómeno. Un cuanto á ver en las estrellas fugaces un fenómeno eléctrico ó de cualquiera otra naturaleza que se verilicase exclusivamente en la parte superior de la atmósfera, no poilemosaceplar esta opinión, no conocien do ningún hecho del mismo géneroque pueda justificar tal analogía. La coincidencia de la aparición de las estrellas fugaces con la de la aurora boreal, no nos parece mas ( uc una circunstancia casual. Efectivamente, no es sorprendente que haya podido verificarse una ó dos veces, pues los meses de Octubre y Noviembre son á la vez, por causas probablemente muy diversos, las épocas en que las dos especies de fenómenos se manifiestan con mas frecuencia. Por otra parte, no es ciertamente exagerada la importancia que en la física terrestre y la meteorología se ha dado á la periodicidad de ciertos fenómenos naturales? Sin duda hay algunos en que esta periodicidad es incontestable, pero en otros creo que se ha deducido demasiado pronto de observaciones que todavía son poco numerosas para fijarla sólidamente, lo cual hace que no haya podido resistir al criterio de observaciones mas continuadas. Conclusiones. La ojeada que acabamos de echar sobre la obra de M Quetelet ha sido muy rápida, aunque suficiente, sin embargo, para hacernos comprender su importancia. El estudio de la física terrestre y de la meteorología no está reducido simplemente á registrar series de observaciones: ya empiezan á vislumbrarse en esta clase de fenómenos leyes y causas generales. La acción del sol es cada dia mas manifiesta, y la periodicidad, que es uno de los caracteres mas marcados de los hecbos meteorológicos, es también una de las pruebas mas notables de esta acción. Pero cuál es su naturaleza? Es simplemente indirecta, ó también es directa? En otros términos, el sol obra únicamente por el calor y la luz que emite, ó también por su masa, ó en virtud de otras propiedades, como son las magnéticas ó eléctricas de que esté dolado? Sin duda la acción de los rayos solares sobre la tierra, y especialmente sobre la atmósfera, es la causa mas activa y directa de la mayor parte de los fenómenos meteorológicos, pero nos parece insuficiente para explicarlos todos. Hay algunos, como por ejemplo las mareas, en las cuales hace mucho tiempo que se sabe que el sol, y sobre todo la luna, obran evidentemente por efecto de sus masas respectivas. Las variaciones que con tanta regularidad se observan en la dirección y la intensidad del magnetismo terrestre, la misma existencia de este magnetismo, nos parecen depender evidentemente de alguna propiedad magnética del sol; mientras que creemos que las variaciones irregulares están mas ó menos directamente ligadas con sus propiedades caloríficas. Agreguemos á estas influencias la de la luna, que parece tener cierta importancia, la de la rotación de la : tierra, que la tiene grandísima, y tendremos, aprecian-, do la constitución química y física de la tierra ó de la atmósfera, la explicación, si no satisfactoria todavía, á lo menos ya aproximadamente exacta, de lodos los grandes fenómenos de la naturaleza. Dia llegará quizá en que esta parte de la ciencia pueda adquirir el carácter de precisión y exactitud que todavía no corresponden mas que á la mecánica celeste y á algunas

11 parles de la física; pero para ello se necesitan serie de observaciones muy multiplicadas y prolongadas. SOBRE LOS PRINCIPALES MEDIOS DE ALUMBRADO ARTIFICIAL; POR EL DR. MR. FRANKLAND. (Continmcion.) Respecto de la bujía, observa Mr. Frankland que apenas hay que decir nada sobre este punto, pues hace diez años que no se ha indicado ninguna mejora importante en la fabricación, qué merezca mencionarse. Entre los diferentes modelos que ha manifestado á su auditorio, hay bujías de parafina y bujías japonesas que presentan la particularidad de que la mecha está hueca, disposición que produce una doble corriente de aire, y no es mas que una aplicación del sistema de Argand. El autor habla en seguida de las series de experimentos comparativos que lia comprendido con las diferentes sustancias mas usadas en el alumbrado, y presenta eti varias tablas los resultados á que ha llegado. En el primero de estos cuadros manifiesta que para producir una misma cantidad de luí se necesita: Aceite de parafma die Yuug... 1 gallón ó sea i, 53 litros. Id. de América, número 1.. 1,26 8,70 Id. de el. n." 2 1,30 8,88 Bujías de parolina.. 18,( 8,42 kilog. Id. do osperma 22,9 10,37 Id. de cera 20,4 11,93 Id. de estearina... 27,6 12,50 Id. compuestas 29,5 13,36 Id. de sebo 36,0 16,30 Al obtener los resultados anteriores lia calculado los gastos relativos, lomando por término de comparación 20 bujias de esperma, que arden cada una 10 horas, i razón de 120 granos por hora (7,76 gramos). 5 tos «números que ha hallado son los siguientes: Gaxü?.'.: 7' h 2<S 8>',90 Espcrma-ceti 6 8,0 8,30 Parafma 3 10, 0 4,7o Sebo ,0 3,30 Aceite de esperraa-ceti. 1 10,0 2,25 Gas de carbón de piedra común í,2s 0,Í2 Id. de cmmd-md.. 3,0 0,30 Aceite de parafina...» 6,0 0,60 Aceite Mineral.:» ,76,H Bajo el punto de vista económico se ve que ios 3H aceites minerales y de parafina son los que mas se aproximan al gas; por consiguiente si, como todo induce á creer, los precios de estos aceites llegan á ba. jar, entrarán mucho mas todavía en el consumo, y podrán sostener una concurrencia temible con el gas del alumbrado. En la tabla siguiente Mr. Frankland demuestra, para una cantidad de luz igual suministrada por cada una de estas luces, y representada por 20 bujias de esperma-ceti, cuáles deben ser las cantidades de ácido carbónico y de calor emitidas por hora. Acido cirbúinco. Calor. Sebo 0 m», Espermaceti,... 0,23 82 Cera 0,23 82 Parafina 0,19 66 Gas de carbón de piedra.. 0,14 47 Id. de cmnel-ml 0,11 32 Aceite de paraüna 0,08 29 Id. mineral 0,08 29 Esta tabla demuestra cómo los diferentes medios de alumbrado vician el aire de las habitaciones, y la ventaja que bajo este punto de vista presentan los aceites minerales y de paraüna. Al terminar, insiste el autor en la necesidad de estudiar bien los principios físicos y químicos de la combustión, para llegar á mejorar las condiciones del alumbrado. En todos los sistemas, añade, exceptóen el alumbrado eléctrico de Mr. Way (1), la luz es producida por la combustión de partículas de carbono sólido, cuyo número depende de la naturaleza de la llama, sea cualquiera la riqueza en hidrocarburos de los cuerpos que engendran esta llama. Pero cuanto mas elevada sea la presión del aire en el cual se produce la llama, mayor es el número de las partículas que entran en combustión, y por consiguiente también mayor su potencia luminosa. En cuanto á la tempe-: ratura necesaria para verificar la combustión de una materia propia para el alumbrado, puede aumentarse calentando el aire de alimentación. Mr. Frankland presenta con este motivo los resultados á que lia llegado con la lámpara que ba empleado para estos estudios; lámpara común deargand, con surtidor de doble corriente de aire, y cubierta con dos tubos de cristal concéntricos, dispuestos de tal mañera, que el aire destinado á alimentar la combustión no llega al (1) Sábese que este alumbrado es producido porla acción dé una corriente voltaica sobre un chorro delgado. de mercurio qne circula én un aparato especial. ÍBullttfm: de 1861, S.' serie, t, s VÍÍr^pág. s t86.) * f'l'p'ir

12 312 surtidor mas que después de haber circulado entre las paredes calentadas de estos dos tubos. Alimentación con aire frío Alimentación con aire caliente.. Potencia luminosa Consumo por iiorn. en liiijicis <lo espurma-cclí. «3,092 0,103 0,117 0,081 0,072 0,078 0,084 0,092 13,0 16,8 17,0 13,0 15,5 16,7 19,7 21,7 El examen de estos números demuestra cuál es la influencia del aire caliente sobre la intensidad luminosa, y se *e ((tic en igualdad de luz hay una economía de gas de 33 por 100, mientras que en igual-' dad de consumo de gas la cantidad de luz aumenta en la proporción de 60 por 100. Editor responsable, D. ANTONIO PE»AFIEL. MADRID: 18ei.=IsiPBÉNTA NACIONAL DURANTE LA PRIMERA QUINCENA DEL MES DE ENERO. TRASLACIONES. PROCEDENCIA. OBSERVACIONES Jefe de estación, D. Donato Caridad S. Sebastian... Zarauz Por razón del servicio. D. Jos< )áv la.. Calatayud Barcelona... Sin efecto. Telegrafista D. Manuel Segura Cáceres Salamanca.. Accediendo á sus deseos.. Cáceres id. D. ulmti Serval Gijon Por permuta. 1). livarisío Sfinz Viliaviciosa... ijon id. Idoin Ideiu O. Claudio Cuheiro D. Joaquín Hurlado Pontevedra... Moeres Goruua.... Cañaveral.. Por ra/.on del servicio. Accediendo á sus de- S(!OS. I). José Garay de Snrly.. Almagro D. Celestino Fernandez Cavada i D. Gerardo Tachó Toledo Alliaccíe... FülTOl...,. En concepto de Ofici;ii. \ Accediendo ú sus de- 'í seos. Idom I). Eulogio l'lasencia Valladolid Cañaveral id. D. Kduardo Darajii Madrid.larUgcna.. íín comisión, I). Claudio Bolívar, [dem id... [). Luis Pedro Asensio... Trujillo Sáceres <f Accediendo á sus de- I seos. f I). Josó Luis Martínez Versara O. Estanislao Carreño... Oviedo 'íimplolui. ifipl'cs i Como Oficial interino. Por razón del servicio.

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